Apoyo para alumnos de Primaria

Este blog tiene la finalidad de ser un enlace constante entre maestros, alumnos y padres de familia. EXCLUSIVAMENTE CON FINES EDUCATIVOS

CUIDADO DE SI MISMO

Para realizar la actividad reflexiona sobre tu persona y la relación que tienes con tu entorno. Partiendo del tema: CUIDADO DE SI MISMO. Realizarás un ensayo, partiendo de las partes que éste tiene: Introducción, desarrollo y conclusiones.

A partir de las siguientes preguntas elabora el ENSAYO; las preguntas de la 1 a la 3, te servirán para escribir la introducción. De la pregunta 4 a 6 te apoyarán sus respuestas a escribir el desarrollo y de la pregunta 7 a 9 te ayudarán a redactar la conclusión.

PREGUNTAS

1. ¿Quién soy yo?

2. ¿Qué es lo que sé de mi?

3. ¿A que peligros estoy expuesto?

4. ¿Cuáles problemas identifico en mi entorno y las personas que viven cerca de mi?

5. ¿Cuáles de estos problemas son los más comunes?

6. ¿Por qué surgen los problemas?

7. ¿Qué debemos hacer para vivir una vida sin conflictos?

8. ¿Quién puede apoyar a las personas con sus problemas?

9. ¿Qué se debe hacer con las personas que ocasionan conflictos en mi comunidad?

Recuerda: las respuestas a la preguntas son las que se utilizarán para escribir tu texto.

Éxito…

cuidado de si mismo

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RECUENTO HISTÓRICO DE LOS GRIEGOS

TIENES 2 OPCIONES:

RECUENTO HISTORICO DE LOS GRIEGOS

RECUENTO HISTÓRICO DE LOS MAYAS

ACTIVIDAD

1. Leer este recuento histórico

2. Copiarlo a tu computadora

3. Resaltar o marcar los verbos que encuentres.

4. Cambiar los verbos a tiempo copretérito (terminación aba, ía)

5. Leer el texto como quedó después de sustituir el tiempo verbal.

6. Escribir un reporte de tus impresiones con respecto a los cambios que observaste al releer el texto modificado

(2010, 09). Recuentos Historicos Griegos Y Mayas. BuenasTareas.com. Recuperado 09, 2010, de http://www.buenastareas.com/ensayos/Recuentos-Historicos-Griegos-y-Mayas/679545.html

A partir del siglo VII antes de nuestra Era, comienza a vislumbrarse un cambio, y quizás un intento de cohesión, dentro de aquellos pueblos que habían invadido la península griega y los alrededores del mar Egeo. Así, tal vez desde ese siglo, se llamó Hellas o Hélade a toda la esfera de establecimientos y colonias de los antiguos griegos. Y ellos mismos pasaron a denominarse helenos, aunque el nombre perteneció a una tribu de Tesalia, aquella llanura de la península balcánica. Desde allí hasta las costas del Mediterráneo y el Asia Menor habían hecho llegar su influencia. Pero no debemos olvidar que el corazón de la Hélade y el “hogar de la cultura helénica”, fue aquella zona convertida en escenario, por una parte, de la más primitiva cultura del arte de Creta y de Micenas, o en lo que se denominó arte minoico y creto-micénico; y, por otra, de la edad homérica que había seguido a la introducción —por parte de invasores aqueos, dorios y jonios— de una lengua indo-europea. De este modo la ruda civilización de los invasores predominó; pero, a partir de los siglos VII al IV a. C., se manifiesta uno de los grandes desarrollos de la civilización entre los que se han presentado en la historia universal. El cambio que se exhibe ahora parece representar una fusión de los elementos de la cultura egea y la indo-europea. De los componentes de la primera, llega la habilidad artística que se combina con la facilidad literaria de la segunda. A ello podemos agregar la capacidad para interrogarse acerca del cosmos, la naturaleza y el ser humano; es decir, su tendencia hacia la filosofía. Esta combinación cultural da lugar a una grande evolución intelectual cuyos comienzos podríamos situar aproximadamente alrededor del año 776 a. C., fecha tradicional en la que se ubica la fundación de los Juegos Olímpicos, en los cuales se congregaban los helenos cada cuatro años; y la cual termina en el transcurso del 336 al 323 a. C., cuando desapareció la libertad helénica por las conquistas de los macedonios, bajo la dirección de Alejandro Magno, quien hará extender la influencia griega hasta Egipto y las riberas del Indo, para dar paso a una fase de la cultura que se denominará no ya helénica, sino helenista, y que implica una “universalización” de lo griego.

La cultura helénica alcanza un supremo grado de desarrollo durante lo que se ha llamado el Período Clásico o “Siglo de Perícles”, ya que una vez derrotados los persas en la Segunda Guerra Médica (479 a. C.) la civilización griega no sufrió interferencias durante mucho tiempo. A pesar de todo, finalmente se presentó la desunión, surgió el antagonismo entre las urbes por lograr la hegemonía en el continente; así las ciudades fueron fácil presa para Filipo II, el macedonio, y su hijo Alejandro. Filipo unió a las ciudades griegas bajo un férreo dominio después de la famosa batalla de Queronea (338 a. C.), y luego intentó conquistar a los persas, pero fue asesinado antes de iniciar esa empresa. Fue su hijo quien emprendió y culminó la tarea de llevar los estandartes helénicos hasta Egipto y, desde allí, hasta más allá de la Hélade asiática.

Las guerras de conquista, la colonización, la fundación de ciudades que fueron imponentes centros intelectuales, permitieron que la cultura griega “se desparramara” por sitios remotos. Alejandría, en el delta del Nilo, conservó por mucho tiempo el saber griego. Bizancio (actual Constantinopla), entre el Mar Negro y el Egeo —cruce obligado de viajeros que de Europa intentaban llegar al continente asiático por tierra—, es aquella legendaria ciudad donde los cruzados y caballeros andantes de la Edad Media hicieron escala tantas veces y donde lo griego perduró por larguísimo tiempo, para luego difundir ese legado a la Europa del Renacimiento.

Si bien las conquistas de Alejandro diseminaron lo helénico, no impidieron, por otra parte, la influencia de las culturas invadidas en lo griego. Por esto, aunque algunos historiadores no hacen la diferencia, es importante destacar que después de las conquistas del hijo de Filipo —a pesar de que “Grecia dominaba el mundo”— la cultura no fue la misma. De ahí que sea preferible denominar esta fase posterior a Alejandro como época helenista o helenística.

El término helenista, “a diferencia de lo helénico o heleno, significa menos puramente lo griego, e indica la extensión de la civilización griega a pueblos como los macedonios y los orientales.” Esto significa también un cambio en los campos de la lengua y literatura. En el aspecto idiomático, se presenta la transición del griego ático a una lengua menos pura conocida como lengua helenista, hablada por personas que no eran griegas, pero que intentaron expresarse en griego. Así mismo, la literatura y la ciencia se hacen más cosmopolitas, se extienden y reciben influencias de otros pueblos. Viajeros como Jenofonte, Heródoto o Platón nos cuentan de los hechos y costumbres de razas establecidas más allá del Egeo. Se inicia, entonces, un notable proceso de helenización de la cultura el cual los historiadores delimitan entre el 336 a. C. y los primeros años del cristianismo, pero que realmente no se puede someter a patrones temporales porque persiste aún en nuestros tiempos, si aceptamos como válida la afortunada paradoja de Óscar Wilde cuando dice que “todo lo que hay de moderno en nosotros se lo debemos a los griegos”.

Recuento Histórico de los Mayas

La civilización maya habitó una vasta región denominada Mesoamérica, en el territorio hoy comprendido por cinco estados del sureste de México que son, Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán; y en América Central, en los territorios actuales de Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador, con una historia de aproximadamente 3.000 años.
Durante ese largo tiempo, en ese territorio se hablaron cientos de dialectos que generan hoy cerca de 44 lenguas mayas diferentes. Hablar de los “antiguos mayas” es referirse a la historia de una de las culturas mesoamericanas precolombinas más importantes, pues su legado científico y astronómico es mundial. Contrariamente a una creencia muy generalizada, la civilización maya nunca “desapareció”. Por lo menos, no por completo, pues sus descendientes aún viven en la región y muchos de ellos hablan alguno de los idiomas de la familia mayense.
La literatura maya ilustra la vida de esta cultura. Obras como el Rabinal Achí, el Popol Vuh, los diversos libros del Chilam Balam, son muestra de ello. Lo que sí fue destruido con la conquista es el modelo de civilización que hasta la llegada de los primeros españoles, había generado tres milenios de historia.
La Conquista española de los pueblos mayas se consumó hasta 1697, con la toma de Tayasal, capital de los mayas Itzá y Zacpetén, capital de los mayas Ko’woj en el Petén (actual Guatemala). El último estado maya desapareció cuando el gobierno mexicano de Porfirio Díaz ocupó en 1901 su capital, Chan Santa Cruz, dando así fin a la denominada Guerra de Castas.
Los mayas hicieron grandes e impresionantes construcciones desde el Preclásico medio y grandes ciudades como Nakbé, El Mirador, San Bartolo, Cival, localizadas en la Cuenca del Mirador, en el norte del Petén, y durante el Clásico, las conocidas ciudades de Tikal, Quiriguá, (ambas las primeras en ser declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1979 y 1981 respectivamente) Palenque, Copán, Río Azul, Calakmul, Comalcalco (construida de ladrillo cocido), así como Ceibal, Cancuén, Machaquilá, Dos Pilas, Uaxactún, Altún Ha, Piedras Negras y muchos otros sitios en el área. Se puede clasificar como un imperio, pero no se sabe si al momento de colonizar impusieron su cultura o si fue un fruto de su organización en ciudades-estado independientes cuya base eran la agricultura y el comercio. Los monumentos más notables son las pirámides que construyeron en sus centros religiosos, junto a los palacios de sus gobernantes y los palacios, lugares de gobierno y residencia de los nobles, siendo el mayor encontrado hasta ahora el de Cancuén, en el sur del Petén, muchas de cuyas estructuras estaban decoradas con pinturas murales y adornos de estuco. Otros restos arqueológicos importantes incluyen las losas de piedra tallada usualmente llamadas estelas (los mayas las llamaban Tetún, o “tres piedras”), que describen a los gobernantes junto a textos logográficos que describen sus genealogías, victorias militares, y otros logros. La cerámica maya está catalogada como de las más variadas, finas y elaboradas del mundo antiguo.
Los mayas participaban en el comercio a larga distancia en Mesoamérica, y posiblemente más allá. Entre los bienes de comercio estaban el jade, el cacao, el maíz, la sal y la obsidiana.

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PROBLEMA MATEMÁTICO

6. Un Norteamericano visita la ciudad de Guadalajara. Después de visitar diversos lugares de atractivo turístico, llega al mercado de San Juan de Dios, donde compra diversos objetos para regalar al volver a su tierra natal. Compró 5 trompos de madera de $25.25, 6 fajos pitiados de $320.50 cada uno, 5 baleros con un costo de 45.00 cada uno. Si pago con 250 dólares y cada dólar cuesta a 12.50 pesos ¿Cuántos pesos le regresan de cambio?

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5. En una tienda de abarrotes venden 800 productos diferentes; 1/8 de ellos son productos de limpieza, 1/5 son herramientas de trabajo, 1/6 son objetos de cocina 1/3 son alimentos y el resto son diversos tipos de dulces, ¿Qué cantidad de productos son de cada tipo? R=

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PROBLEMA MATEMÁTICO

4. En una carrera de autos en donde el recorrido es de 400 kilómetros, 4 competidores no terminan y abandonan al carrera. Los pilotos son: Carlos que hace un recorrido de 3/4, Guillermo que hace un recorrido de 3/8, Saúl que hace un recorrido de 7/12 y Armando que hace un recorrido de 2/3. ¿Cuántos kilómetros recorrió cada uno de los corredores que no terminaron la carrera?

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GLOSARIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agrimensor: Persona dedicada a la agrimensura

Agrimensura: La agrimensura fue considerada antiguamente la rama de la topografía destinada a la delimitación de superficies, la medición de áreas y la rectificación de límites. En la actualidad la comunidad científica internacional reconoce que es una disciplina autónoma, con estatuto propio y lenguaje específico que estudia los objetos territoriales a toda escala, focalizándose en la fijación de toda clase de límites.

Gendarme: caballero francés medieval o de principios de la Edad Moderna.

Recuento histórico:  Es una expresión para denotar un breve repaso por la historia de algo, del tema que se esté tratando. Es también un sinopsis en la que se compendian los principales puntos históricos que se vienen tratando.

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Exageró la Nota

ACTIVIDADES:

1. LECTURA DEL TEXTO

2. ESCRIBIR UNA SINÓPSIS DE LA LECTURA, CONFORME A LO ENTENDIDO DEL TEXTO

3. ESCRIBIR SI LA LECTURA TE RESULTÓ INTERESANTE.

Antón Chejov

 

La finca a la cual se dirigía para efectuar el deslinde distaba unos treinta o cuarenta kilómetros, que el agrimensor Gleb Smirnov Gravrilovich tenía que recorrer a caballo. Se había apeado en la estación de Gñilushki.

(Si el cochero está sobrio y los caballos son de buena pasta, pueden calcularse unos treinta kilómetros; pero si el cochero se ha tomado cuatro copas y los caballos están fatigados, ha que calcular unos cincuenta.)

– Oiga señor gendarme, ¿podría decirme dónde puedo encontrar caballos de posta? -le preguntó el agrimensor al gendarme de servicio en la estación.

– ¿Cómo dice? ¿Caballos de posta? Aquí no hay un perro decente en cien kilómetros a la redonda. ¿Cómo quiere que haya caballos? ¿Tiene usted que ir muy lejos?

– A la finca del general Jojotov, en Devkino.

-Intente en el patio, al otro lado de la estación -dijo el gendarme, bostezando-. A veces hay campesinos que admiten pasajeros.

El agrimensor dio un suspiro y, malhumorado, pasó al otro lado de la estación. Tras muchas discusiones y regateos, se puso de acuerdo con un campesino alto y recio, de rostro sombrío, picado de viruelas, embutido en un chaquetón roto y calzado con unas botas de abedul.

– Vaya un carro -gruñó el agrimensor al subir al destartalado vehículo-. No se sabe dónde está la parte delantera ni la parte trasera…

– Nada más fácil -replicó el campesino-. Donde el caballo tiene la cola es la parte de adelante y donde está sentado su señoría es la parte de atrás.

El caballo era joven, aunque muy flaco, abierto de patas y de orejas caídas. Cuando el campesino, alzándose sobre su asiento lo azotó con el látigo, el caballo se limitó a sacudir la cabeza; al segundo azote, acompañado de una blasfemia, el carro rechinó y empezó a temblar como si tuviera fiebre. Después del tercer azote, el carro se tambaleó; después del cuarto, se puso en marcha.

– ¿Crees que llegaremos a ese paso? -preguntó el agrimensor, dolorido por las fuertes sacudidas y maravillado de la habilidad que muestran los carreteros rusos para combinar la marcha a paso de tortuga con sacudidas capaces de arrancarle a uno el alma del cuerpo.

– ¡Desde luego! -respondió el carretero, en tono tranquilizador-. El caballo es joven y animoso… Cuando se pone en marcha, no hay modo de detenerlo. ¡Arre-e-e, maldi-i-i-to!

Cuando el carro salió del patio de la estación empezaba a oscurecer. A la derecha del agrimensor se extendía una llanura interminable, oscura y helada. Probablemente conducía al lugar donde Cristo dio las tres voces… En el horizonte, donde la llanura se confundía con el cielo, se extinguía perezosamente el frío crepúsculo de aquella tarde otoñal. A la izquierda del camino, en la oscuridad, se divisaban unos montones que lo mismo podían ser pilas de heno del año anterior que casas rurales. El agrimensor no veía lo que había delante, pues en aquella dirección su campo visual quedaba tapado por la ancha espalda del carretero. La calma era absoluta. El frío, intensísimo. Helaba.

“¡Qué parajes más solitarios! -pensaba el agrimensor, mientras trataba de taparse las orejas con el cuello del abrigo-. Ni un solo árbol, ni una sola casa… Si por desgracia te asaltan, nadie se entera de ello, aunque dispares un cañonazo. Y el cochero no tiene un aspecto muy tranquilizador que digamos… ¡Vaya espaldas! Un tipo así te pega un trompazo y sacas el hígado por la boca. Y su cara es de lo más sospechosa…”

– Oye, amigo – le preguntó al cochero -. ¿Cómo te llamas?

– ¿A mí me hablas? Me llamo Klim.

– Dime, Klim, ¿qué tal andan las cosas por aquí? ¿No hay peligro? ¿No hay quienes hagan bromas pesadas?

– No, gracias a Dios. ¿Quién va a gastar bromas en un lugar como éste?

– Me alegro de que no tengan esas aficiones. Pero, por si acaso, voy armado con tres revólveres – mintió el agrimensor -. Y, con un revólver en la mano, el que quiera buscarme las pulgas está arreglado: puedo enfrentarme con diez bandidos, ¿sabes?

La oscuridad era cada vez más intensa. De pronto el carro emitió un quejido, rechinó, tembló y dobló hacia la izquierda, como si lo hiciera de mala gana.

“¿A dónde me lleva este sinvergüenza? – pensó el agrimensor -. Íbamos en línea recta y ahora, de repente, tuerce hacia la izquierda. Sabe Dios… quizás a alguna cueva de bandoleros… y… no sería el primer caso…”

– Escucha – le dijo al campesino -. ¿De veras no son peligrosos estos parajes? ¡Qué lástima! Con lo que a mí me gusta verme las caras con los bandidos… Aquí donde me ves, con mi aspecto flaco y enfermizo, tengo la fuerza de un toro… En cierta ocasión me atacaron unos bandidos. Pues bien, le sacudí a uno de tal modo, que ahí quedó, ¿entiendes? Y los otros, gracias a mí, fueron enviados a Siberia condenados a trabajos forzados. Ni yo mismo sé de dónde saco tanta fuerza… Tomo con una mano a un hombrón como tú… y lo volteo.

Klim miró de reojo al agrimensor, parpadeó y arreó al caballo.

– Sí, amigo – continuó el agrimensor -. Pobre del que se meta conmigo. Le arranco los brazos, las piernas y de postre, el bandido tiene que vérselas luego con los tribunales. Todos los jefes de policía y todos los jueces me conocen. Soy un funcionario del Estado, un personaje… La Superioridad sabe que hago este viaje… y está pendiente de que nadie se meta conmigo. A lo largo del camino, detrás de los arbustos, hay soldados apostados y gendarmes apostados. ¡Para! ¡Para! – bramó súbitamente -. ¿Dónde te has metido? ¿Adónde me llevas?

– ¿No tiene usted ojos? ¡Al bosque!

“Es cierto, al bosque – pensó el agrimensor -. ¡Me había asustado! Pero no me conviene que este hombre se dé cuenta de mi preocupación… Ya ha notado que tengo miedo. ¿Por qué se vuelve a mirarme tantas veces? Seguro que está tramando algo… Antes avanzaba a paso de tortuga y ahora vuela.”

– Oye, Klim, ¿por qué arreas de ese modo al caballo?

– No le he dicho nada. Se ha puesto a galopar por iniciativa suya. Cuando echa a correr, no hay modo de detenerlo… Con esas patas que tiene…

– ¡Mientes, amigo! ¡Mientes! Y te aconsejo que no corras tanto. Frena un poco al caballo. ¿Me oyes? ¡Frénalo!

– ¿Por qué?

– Porque… porque detrás de mí debían salir otros cuatro camaradas de la estación. Tienen que alcanzarnos… Prometieron alcanzarme en este bosque… El viaje será más entretenido con ellos… Son gente sana, fuerte… los cuatro llevan pistola… ¿Por qué te vuelves tantas veces y te agitas como si tuvieras agujas en el asiento? ¿Eh? ¡Cuidado, amigo! ¿Tengo monos en la cara? Lo único que tengo interesante son mis revólveres… Espera, voy a sacarlos y te los enseñaré… Espera…

El agrimensor fingió rebuscar en sus bolsillos; pero en aquel instante sucedió lo que nunca se hubiera imaginado, a pesar de toda su cobardía; de repente, Klim se lanzó fuera del carro y se dirigió a cuatro patas hacia la espesura del bosque lindante.

– ¡Socorro! – empezó a gritar -. ¡Socorro! ¡Llévate el caballo y la carreta, maldito, pero no me condenes el alma! ¡Socorro!

Se oyeron pasos veloces que se alejaban, crujidos de ramas al quebrarse, y luego reinó el silencio. Lo primero que hizo el agrimensor, que se esperaba aquella salida, fue detener el caballo. Luego se acomodó lo mejor que pudo en el carro y empezó a pensar.

“El muy imbécil ha huido, se ha asustado… Bueno, ¿y qué hago yo ahora? No puedo seguir adelante, porque no conozco el camino, y, además, podrían creer que he robado el caballo… ¿Qué hago?”

– ¡Klim! ¡Klim!

– ¡Klim! -le respondió el eco.

La simple idea de tener que pasar la noche en aquel oscuro bosque, al aire libre, sin más compañía que los aullidos de los lobos, el eco y los relinchos del caballo le ponían la carne de gallina.

– ¡Klimito! – empezó a gritar -. ¡Querido! ¿Dónde estás, Klimt?

El agrimensor se pasó unas dos horas gritando, y ya se había quedado ronco, se había hecho ya a la idea de pasar la noche en el bosque, cuando una débil ráfaga de viento llevó hasta sus oídos un lamento.

-¡Klim! ¿Eres tú, querido? ¡Acércate!

– ¿No… no me matarás?

– Sólo he querido gastarte una broma, querido. ¡Te lo juro! ¡No llevo ningún revólver, créeme! ¡Te he mentido por miedo! ¡Vámonos, por favor! ¡Me estoy helando!

Klim comprendió que si el agrimensor hubiera sido un bandido, como había temido, se habría marchado con el caballo y el carro sin esperar a más. Salió de su escondrijo y se dirigió hacia el vehículo con paso vacilante.

– ¡Vamos! – exclamó el agrimensor -. ¡Sube! Te he gastado una broma inocente y te has asustado como un niño.

– ¡Dios te perdone! – gruñó Klimt, subiendo a la carreta -. Si llego a imaginármelo, no te hubiera llevado ni por cien rublos de plata. Por poco me muero de miedo…

Klim azotó el caballo. El carro tembló. Klim azotó al animal por segunda vez y el vehículo se tambaleó. Después del cuarto azote, cuando el carro se puso en marcha, el agrimensor se tapó las orejas con el cuello del abrigo y se quedó pensativo. Ni el camino ni Klim le parecían ya peligrosos.

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PROBLEMA MATEMÁTICO

3. Si el perímetro (circunferencia) ecuatorial de la tierra es de 45,075 kilómetros, donde el radio aproximado de la tierra es de 6378 kilómetros y una nave no tripulada viaja a 9 kilómetros de altura en dirección de la circunferencia ecuatorial y realiza 6 orbitas en esa dirección y aterriza, ¿Cuántos kilómetros recorre esta nave?

RADIO TIERRA

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SOLUCIÓN DE PROBLEMAS

1. 1190 Metros

2. 615 minutos

3.  240,662.16 kilómetros

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PROBLEMA MATEMÁTICO

2. Si Miguel se acuesta en su cama a las 8:30 p.m. del lunes y se levanta a las 6:45 a.m. del martes, ¿Cuántos minutos permanece Miguel acostado en su cama? R=

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